PESCARON UNA CRIATURA DE DOS CABEZAS SIN SABER DEL VALOR CIENTÍFICO DE SU HALLAZGO - SALUD NATURAL

PESCARON UNA CRIATURA DE DOS CABEZAS SIN SABER DEL VALOR CIENTÍFICO DE SU HALLAZGO

Todos los días, los pescadores sacan del mar con sus redes toda clase de cosas, además de los tan ansiados peces. Mucha basura de todo tipo, a veces otros animales como tiburones… Pero de vez en cuando se encuentran con alguna sorpresa completamente inesperada, como les ocurrió a unos pescadores holandeses, quienes está de más decir, definitivamente no estaban para nada preparados para encontrarse con lo que sacaron de las heladas aguas del Mar del Norte, a muy pocas millas náuticas de la costa de la ciudad holandesa de Hook, el pasado día 30 de Mayo de este año.

Se trataba de una extraña criatura de alrededor de unos sesenta centímetros de largo y dos cabezas, que lamentablemente se encontraba ya muerta en el momento en que salió del mar, envuelta en las redes de los pescadores.

Una foto de la criatura comenzó a circular por toda Holanda hasta que eventualmente le llegó a Erwin Kompanje, curador de mamíferos del Museo de Historia Natural de Rotterdam
Él recuerda que su primer pensamiento al ver la foto fue “¿Dónde?”. ¿Dónde había sido visto este animal y tomada esa fotografía y qué tan rápido podía lograr trasladar el espécimen a su laboratorio para estudiarlo completamente?

Incluso hoy en día, en esta época de ciencia, esta criatura podría parecerle un monstruo marino de dos cabezas a algunas personas.
Pero Kompanje tenía el conocimiento, aunque la verdad no era menos impresionante. Él estaba viendo fotos de dos marsopas gemelas unidas, recién nacidas que compartían un mismo cuerpo. Una rareza entre las rarezas de entre todos los océanos del mundo.

Según Kompanje, sólo se han documentado nueve casos hasta ahora de gemelos unidos entre los cetáceos.
El investigador ha estudiado los delfines, las ballenas y las marsopas por más de 20 años. “Incluso los gemelos normales son raros; no hay espacio en el útero de la madre para alojar más de un bebé”, dijo Kompanje

Los pocos especímenes que se han hallado fueron usualmente fetos sin desarrollar.
Como por ejemplo el caso del “monstruo doble” (una cabeza y dos cuerpos) hallado en el útero de un delfín atrapado por cazadores furtivos en las costas de Japón en 1970.

En 2001, un bebé de delfín nariz de botella con dos hocicos fue encontrado muerto en el Mar Mediterráneo.
Pero el cadáver ya estaba parcialmente descompuesto y ese está entre los casos mejor documentados.

Por lo que Kompanje pudo apreciar en las fotos, que estaba muerto, obviamente, pero parecía estar en perfectas condiciones.
Los hermanos (pues por lo que el investigador pudo ver, concluyó que se trataba de dos machos), debían haber acabado de nacer, ya que su aleta dorsal no estaba erecta y aún conservaban esos minúsculos pelitos que tienen las marsopas en su labio superior mientras aún están en el útero de su madre y que pierden al poco tiempo de nacer.

“Creo que nacieron vivos,” dijo Kompanje.
Los hermanos no pueden haber sobrevivido mucho tiempo. Deben haberse ahogado cuando dos cerebros diferentes le dieron instrucciones diferentes al único cuerpo que compartían o quizás sucumbieron a una falla cardíaca de su único corazón, cuando intentaba bombear sangre suficiente para ambas cabezas.

Sea lo que sea que les haya pasado en su corta vida, fue un golpe de suerte que encontraran el camino a la red de esos pescadores antes de que su valioso cuerpo se destruyera.
Para un investigador hambriento por cualquier trocito de información acerca de los mamíferos acuáticos, este fue un descubrimiento uno en un billón.

Así que Kompanje ubicó vía telefónica al jefe del equipo de pesca para que le diera las coordenadas exactas y demás detalle del hallazgo.
Las posibilidades en la mente del investigador eran muy amplias. Ya estaba planeando todo tipo de estudios a realizar en las marsopas. Resonancia magnética, tomografía, imágenes 3D. Y después, cuando estuvieran completos todos los estudios, los hermanos serían preservados para siempre en un museo.

Y entonces, al teléfono con el jefe de los pescadores, él supo el verdadero final de la historia.
“Ellos pensaron que era ilegal atraparlo,” dijo Kompanje. “Hicieron cuatro fotografías y lo lanzaron de nuevo al mar de vuelta al olvido.” Y en la inmensidad de las aguas profundas, no hay esperanza de volver a encontrarlo de nuevo.

Kompanje hizo lo que pudo con la evidencia fotográfica preservada.
Las fotos de los pescadores fueron suficientes para co-escribir un artículo científico con otro investigador marino, el cual fue publicado este mes, en donde dijeron lo que había que decir de las marsopas. Pero Kompanje no se hace falsas ilusiones. No espera ver nada como eso de nuevo en su vida. “Para un cetólogo este es un verdadero horror”, dijo.

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